Trekking en la reserva de tigres de Periyar (Kumily, Kerala)
Una vaca perdida en un mundo acelerado que ya no le pertenece deambula en las calles de Kumaly. Un camión cargado de bueyes con los cuernos pintados de colores (cada color equivale a un propietario diferente) adelanta a la vaca desorientada.
Una pareja de occidentales desciende de un rickshaw, van elegantes, impecablemente vestidos. El despliega un llamativo paraguas rojo con el caballito amarillo de Ferrari, los oigo hablar, italianos, of course.
Pasan camiones cargados de especias y una docena de policías enfuncionarilizados los ven pasar. Veo grupos de chicos pasear, algunos, cogidos de la mano.
He visto muy pocos grupos mezclados de chicos y chicas pasear. De hecho, no fue hasta ayer (tras 17 días en la india) que vi la primera pareja de hombre-mujer pasear cariñosamente cogidos de la mano. Son los primeros que he visto entre los centenares de hombres de tertulia o paseo cogidos de la mano.
Escribo esto desde un restaurante donde tomo la comida-cena del dia. Son las 18:00 y reconozco estar cansado tras el trekking de esta mañana. El Restaurante es una mezcla de chino con restaurante español anos 60, techo empapelado con dibujos de flores verdosas, descoloridas, luces de poca potencia, cabellos largos de india en la silla de al lado y hiedra de plástico colgando de las paredes.
Cuatro turistas, con el caminar lento de los adolescentes cuando regresan del patio a clase, ocho manos en los bolsillos, exploran los tenderetes de Kumily. Comparado con Pune o Aurangabad Kumily esta relativamente limpio.
Musulmanes de barba a lo bin-laden charlan y rien con hindúes bajo el toldo de un tenderete rotulado "Spice Palace".
Me acabo los vegetarian noodless que me han traído,, estaban exquisitos, mucho mejor y a una quinta parte del precio que pague ayer (stupid white man) por un plato de pasta con presunto parmesano.
Quedan 4 fideos en el plato, los miro y, afortunadamente, no se mueven solitos.
Esta mañana, en la caminata por el parque natural de Periyar (Kerala) nos hemos quitado, con mas o menos éxito, media docena de sanguijuelas que, prodigio de la naturaleza, nos saltaban a las bambas o a los calcetines a nuestro paso mientras caminabamos entre pasteles, fibrosos unos, diarreicos otros, de deyecciones de elefantes.
Ya conocía de antemano que nos encontraríamos con sanguijuelas, lo que no imaginaba era su capacidad malabares a pesar de llevar bambas cerradas y una especie de calcetin-guante atado y subido hasta la rodilla subían rápidamente realizando movimientos como un compás que avanzase describiendo medios círculos ascendentes.
Afortunadamente, ni la pareja de americanos ni el italiano con zapatos de terciopelo azul ensimismado en saber si su teléfono tenia cobertura (gracias al cual me he podido enterar a 1800 metros de altura que en Siria tienen un calzado excelente y muy bien de precio), se ponen nerviosos y continuamos la marcha con paradas cada 200 metros para desanguijunearnos periódicamente.
Una sanguijuela grandecita ?habrá picado previamente a alguno de los elefantes que horas antes han discurrido por este mismo sendero? es mas rápida que yo y logra entrarme dentro de la bamba. Espero que la doble protección que llevo le impida vampirizarme.
A pesar de que la racionalidad se impone, las sanguijuelas pican sin dolor, chupan un poquito de sangre, se van y que se sepa no transmiten enfermedades graves, no puedo evitar sentir un asco antavico que procede de de los mas profundo de mi.
Horas después, ya en una ducha sin luz (es lo que tienen los hoteles de 2,5 Euros/noche) sorprendo escalando acrobaticamente a la altura de mi cara una numantina sanguijuela. Con calma, la despedazo como puedo en tres trozos, de los cuales dos continúan vitos y coleando, buscando carne caliente donde adherirse, cual una medusa polifacefalica.
No hemos atisbado ni uno solo de los 45 tigres ni de los los 1500 elefantes que viven en los 770 Km2 o alrededores de la reserva de Periyar, pero el recorrido ha valido la pena. Regresamos a la civilizacion, bendita civilizacion.
El trekking nocturno lo dejare para otra ocasión, si decenas de sanguijuelas se nos enganchaban caminando rápido y de día no quiero ni imaginar el dormir en la negra noche en esta selva....
Doy un paseo por Kumily. Voy al cybercafe. He de salir corriendo, literalmente, pedir un rickshawy jurar en malayalalm para que los esfínteres me aguanten hasta llegar al WC indio de la cabaña/hotel.
Cuando hago malabarismos posturales, de noche, con la linterna, y en posición de fortalecimiento de los cuadriceps femorales, me entra un ataque de risa pues me viene a la cabeza la canción de Rafaela Carra "explota, explota, explotare !!", curiosas relaciones en pecualiares momentos hace nuestro cerebro.....
Cae la noche, solo se oyen cuervos, ranas, grillos y decenas de aves que no identifico. Hago la ultima exploración del suelo y descubro otra numantina sanguijuela, la cojo rápido, la coloco en la sal que antes he pedido y al poco ya está en mejor vida.